Publicada: 13-11-2017

 

Mujer se reúne con su hijo siete meses después

 

Oumo Totopa, una inmigrante de Costa de Marfil, ha pasado siete meses separada de su hijo Abdurrahman, de cuatro años, llegaron a España en embarcaciones diferentes. La madre, de 33 años, ha vivido «un calvario» durante siete meses, en los que no ha parado de reclamar a su hijo hasta que el 13 de noviembre, por fin, se ha podido reunir con él. «Ahora la madre sólo quiere recuperar el tiempo que ha perdido y disfrutar de su hijo de nuevo», aseguró Laura Martínez Valero, miembro de la organización Women’s Link Worldwide, que ha apoyado a esta mujer.
Madre e hijo se han reencontrado y ahora están juntos. «Oumo tenía miedo de que el niño no la reconociera por estar tanto tiempo separados», explica Martínez Valero.
Esta historia de la separación comienza cuando, en busca de mejores oportunidades para su hijo, la mujer se trasladó a Marruecos con su bebé recién nacido para trabajar en el servicio doméstico. Ahí vivieron en un departamento alquilado hasta que este año, la mujer decidió migrar a Europa junto a su hijo y su hermana, que también estaba trabajando en Rabat como empleada del hogar.
Oumo y Abdurrahman llegaron desde Marruecos a España en distintas embarcaciones. El menor, que entonces tenía tres años, cruzó el Estrecho de Gibraltar en marzo pasado acompañado por su tía, mientras que la madre lo hizo un mes más tarde, lo que tardó en reunir el dinero que le faltaba para pagar el viaje.
Tras caer al agua, cuando la balsa en la que viajaban fue interceptada por la Guardia Civil, la tía del niño estuvo a punto de morir ahogada, pero tanto ella como el menor fueron rescatados y trasladados a Melilla. Ahí, según la ONG, fueron separados al no ser la mujer la madre del niño. Éste fue internado en un centro de albergue para menores y su tía fue trasladada al hospital y, una vez dada de alta, al Centro de Internamiento de Extranjeros.
Oumo llegó un mes después, pero vivía como indocumentado. En estos siete meses, la tía no ha podido volver a ver al niño. Su mamá tampoco había podido.
Desde el primer momento ha intentado reunirse con su hijo y aportó documentación y fotografías que demostraban su vínculo con el niño, además de someterse a una prueba de ADN. La mujer ni siquiera pudo hablar con el pequeño el día en que cumplió cuatro años. «Fue un momento triste porque Oumo intentó que le dejaran hablar con él por teléfono el día de su cumpleaños, pero no se lo permitieron», recuerda la activista.
«Tenía seis meses sin poder hablar con mi hijo. Lo necesito. No es nada fácil que a una madre le quiten a su hijo. Hice todo lo que me pidieron, he entregado toda la documentación que tengo y ni siquiera me dejaban hablar con él».
A juicio de la ONG, este caso demuestra que «los prejuicios y estereotipos que las administraciones tienen con las madres de origen subsahariano ya que, sin que haya existido ni negligencia ni maltrato, las autoridades consideran que para proteger a los menores lo mejor es que permanezcan separados de las madres, sin un régimen de visitas, hasta que se resuelvan las pruebas de ADN, que pueden tardar varios meses. A las mujeres víctimas de trata, las autoridades les retiran la custodia de sus hijos de forma sistemática», critica la activista.


El País


 

 

 

 

 

 

 
 
 
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